ERA AGOSTO VEINTIUNO

 

 

Era Agosto veintiuno

el sol se iba apagando

y se quedaron mis ojos

lentamente lagrimeando.

 

Los recé levemente

como suave ala de pájaro

y ya mis manos quedaron

impregnadas de los Santos.

 

Ahora me pregunto

¿acaso sabrán ellos

que le tocaron mis manos?

 

Y me echaron las banderas

sobre mi pelo rizado,

se abrieron de par en par

muchos recuerdos pasados.

 

Cuando estoy solo me digo:

¿Porqué no los cogí entre mis brazos?

aquellos corazones en llamas vivas

que me dejaron temblando.

 

Iba por calles y por plazas

de un olivar a otro olivar

...y ya me sobraba todo

apoyándome en los pilares de la tarde

iba con mi cansado paso,

había visto lo que tanto anhelaba

a San Bonoso y San Maximiano,

ya me sobraba todo

y me fui andando despacio

cantándole a mis hijos

el himno de los Santos.

 

El aire buscaba entonces

rincones para acostarse

piedra en qué tropezar

vencido al calor de la tarde.

 

Se quemaban mis alas de amargura

yo... mi corazón lo entregaba

a quien me iba encontrando,

allí quedó para siempre

mi voz y mi seca garganta,

gritando me quedé como ausente

y allí volveré a rescatarla,

que nadie piense que me he ido

en Arjona quedaron mis lágrimas.

 

 

Ángel Cámara Jiménez

Agosto del 2004