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A MI MADRE
Te imagino al fuego de la lumbre, junto aquella chimenea, en aquel sillón de mimbre, con tu delantal nuevo, con tus manos agrietadas, con tus ojos tan despiertos, haciendo dulces gachas en aquellos días de invierno.
Te imagino cosiendo, sentada, entre aquella luz que en los días de siesta entraba por la ventana, traspasando los visillos, cuando el sol más apretaba.
Te imagino arrastrando unas cuantas lágrimas, por aquellos que se fueron cuando más los necesitabas y un pañuelo negro siempre en la cabeza para que no se te olvidara.
Te imagino cada noche, pensando en aquella casa, pensando en los olivos que íbamos a dejar por siempre a nuestras espalda.
Te imagino en tu paisaje de infancia rodeada de tus hijos entre trigales y parva, repartiendo cariño allá en tus horas tempranas.
Te imagino visiblemente cansada tras la luz, la hermosa luz, que alumbraba tu cara, con todo un sufrir por dentro, con las arrugas marcadas tras el paso del tiempo.
Te imagino madre, yo te imagino, ahora que el tiempo avanza, que ya no somos niños y que tarde o temprano te echaré mucho en falta.
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