A MI MADRE

 

Te imagino

al fuego de la lumbre,

junto aquella chimenea,

en aquel sillón de mimbre,

con tu delantal nuevo,

con tus manos agrietadas,

con tus ojos tan despiertos,

haciendo dulces gachas

en aquellos días de invierno.

 

Te imagino

cosiendo, sentada,

entre aquella luz

que en los días de siesta

entraba por la ventana,

traspasando los visillos,

cuando el sol más apretaba.

 

Te imagino

arrastrando

unas cuantas lágrimas,

por aquellos que se fueron

cuando más los necesitabas

y un pañuelo negro

siempre en la cabeza

para que no se te olvidara.

 

Te imagino

cada noche,

pensando en aquella casa,

pensando en los olivos

que íbamos a dejar

por siempre a nuestras espalda.

 

Te imagino

en tu paisaje de infancia

rodeada de tus hijos

entre trigales y parva,

repartiendo cariño

allá en tus horas tempranas.

 

Te imagino

visiblemente cansada

tras la luz, la hermosa luz,

que alumbraba tu cara,

con todo un sufrir por dentro,

con las arrugas marcadas

tras el paso del tiempo.

 

Te imagino

madre, yo te imagino,

ahora que el tiempo avanza,

que ya no somos niños

y que tarde o temprano

te echaré mucho en falta.

 

 

Ángel Cámara Jiménez