ARJONA

 

Arjona sube hacia la altura

con un auparse perpetuo,

los ruidos y la algazara

resuenan allá a lo lejos

pues los niños juegan fuera

y los viejos quedan dentro

de esta muralla de piedra

que solo queda el recuerdo.

 

Santa María, como madre,

vela siempre por el pueblo,

allá en su alta cima

tocando está el alto cielo,

de esta tierra andaluza

fortaleza en otros tiempos

hoy vives en el pasado

como quien vive en un sueño.

 

Tu que te alzas sobre campos

de verdes olivos nuevos,

eres el pan y sustento

de tus hijos arjoneros.

 

Tu muralla derruida

es el abrazo perpetuo

de una madre cariñosa

que te estrecha contra el pecho,

en tus almenas agudas

hay unos pájaros quietos

que, calentándose al sol,

miran la tarde en silencio.

 

En la calma soleada,

allá en el paseo nuevo

un anciano le da vueltas

a sus pasados recuerdos,

mientras los rayos de sol

lo baña con sus destellos.

 

En la Cruz del Tres de Oros,

bajo sus brazos de hierro

unas viejas van paseando

hablando con dulce gesto

recordando años pasados

que jóvenes también fueron

y por allí pasearon

el amor de sus desvelos.

 

San Juan con sus campanas,

hacen cosquillas al viento

y suben hacia la altura

apuntando siempre al cielo.

 

Arjona de azul y piedra,

luchas de moros recuerdo

¡Oh!  Arjona que mi alma iluminas

con tus celestes destellos,

tus almenas en la tarde

sienten ardores de vuelo

y alzándome yo sobre ellas,

llegar hasta ti espero...

 

 

Ángel Cámara Jiménez

Junio del 2004