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CALLE Y PLAZA DEL SANTO CRISTO
Esta calle y esta plaza reciben el nombre de la
antigua y venerada imagen del Cristo
de la Vera Cruz que recibía culto en la ermita de San Nicolás, situada en las
casas que hay frente a la
desembocadura de la calle Santiago de Morales Talero en la terminación de Sol.
El Santo Cristo de San Nicolás, tenía su cofradía,
cuyos estatutos antiguos se conservan y que estaba formada por los señores
nobles de la antigua villa, no pudiendo pertenecer a ella los “no limpios de
sangre”. De esta ermita salía la procesión del Jueves Santo por la tarde con
el Santo Cristo de la Vera Cruz, el Señor de la Columna y la Soledad.
En tiempos de sequía era sacado el Santo Cristo en
procesión de Rogativas, junto con la imagen de la Virgen Dolorosa.
En la plaza contigua a la ermita, había una cruz con
gradas de piedra de la que hay mención en los libros del Memorial del Pleito,
por la declaración de varios vecinos que se hallaban paseando una noche junto a
la cruz de San Nicolás y vieron luces maravillosas, que señalaban el sitio
donde después se cavó y aparecieron reliquias de mártires. En esta ermita de
San Nicolás, hubo en tiempo del descubrimiento de las Reliquias unos Padres
Franciscanos, que era deseo del Cardenal Moscoso y Sandoval, se encargaran de
atender los cultos del Santuario que se estaba construyendo, pero al poco tiempo
cesaron en su ministerio, encargándose del servicio los sacerdotes de la Villa,
fundándose años después, en 1.670, por el Licenciado D. Diego de Rivera tres
Capellanías para que no faltara el culto a los Santos Patronos.
En las inmediaciones de la ermita estaba el Tercer
Santuario, en el que se encontraron muchos huesos humanos revueltos con otros de
animales, que prueban fueron degollados los cristianos que se negaban a
sacrificar ante la estatua del emperador, sirviendo ellos mismos de víctimas,
siendo arrojados sus cuerpos junto con los de los animales. Para que fuesen
separados minuciosamente los huesos humanos de los de los animales, trajo el
Cardenal Moscoso un médico de Jaén, que fue ayudado por el Doctor Ramírez y
otro médico de la villa. Los huesos humanos fueron colocados en las arcas donde
se guardaban las reliquias que iban siendo descubiertas y después se pusieron
en las alacenas del Santuario construido.
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