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CUENTO PARA MI AMIGA IRENE (Para mi amiga Irene Sánchez, los más puros aires de mi tierra de Arjona)
Yo era aquel niño dichoso que me sentía orgulloso cada día al comprobar, que aquella paloma blanca era mi fiel compañera cada día al despertar.
Cada tarde que moría un mensaje me pedía: volar, volar y volar... le dejé abiertas las puertas y mi paloma torcaz se fue surcando los cielos en busca de libertad.
Quedó mi jaula vacía y para no estar cautiva, alzó sus alas al viento sin saber que así perdía todita su libertad.
Al enterarme después que algún cazador furtivo a las puertas de su nido le diera un tiro mortal.
Cada tarde yo sentía al ver mi jaula vacía una tristeza letal e iba abriendo una herida en el fondo de mi alma que nunca podré cerrar
¡Qué pena me dio aquél día! cuando vi a sus pichoncitos en el tronco de un olivo, llorar, llorar, y llorar...
Ángel Cámara Jiménez
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