CUENTO PARA MI AMIGA IRENE

 (Para mi amiga Irene Sánchez,  los más puros aires de mi tierra de Arjona)

 

Yo era aquel niño dichoso

que me sentía orgulloso

cada día al comprobar,

que aquella paloma blanca

era mi fiel compañera

cada día al despertar.

 

 Cada tarde que moría

un mensaje me pedía:

volar, volar y volar...

le dejé abiertas las puertas

y mi paloma torcaz

se fue surcando los cielos

en busca de libertad.

 

Quedó mi jaula vacía

y para no estar cautiva,

alzó sus alas al viento

sin saber que así perdía

todita su libertad.

 

Al enterarme después

que algún cazador furtivo

a las puertas de su nido

le diera un tiro mortal.

 

Cada tarde yo sentía

al ver mi jaula vacía

una tristeza letal

e iba abriendo una herida

en el fondo de mi alma

que nunca podré cerrar

 

¡Qué pena me dio aquél día!

cuando vi a sus pichoncitos

en el tronco de un olivo,

llorar, llorar,  y llorar...

 

                                                    

 

Ángel Cámara Jiménez