LA PALOMA Y EL JILGUERO

 

Caía la tarde. El alba de la primavera adormecía los aires Urgavonenses con el perfume blanco del azahar. En la Glorieta de la Plaza de los Coches, en la fuentecilla brotaba agua sin cesar, un ruidito refrescante invitaba a los paseantes mojarse las manos, alrededor, gotas chispeantes brillaban humedeciendo las ruedas de los coches al pasar.

Una de las palomas que anidan en el Arrabal de San Juan, fue a beber a la fuente y un jilguero nómada, recién llegado de no se sabe dónde, también revoloteaba mojando su pico en la fresca agua.

A medida que pasaba la tarde en las esquinas de la Torre de Santa María, se posaron los dos, Paloma y Jilguero.

El jazminero de la calle Hospital, oyó decir a la Torre de la Iglesia del Carmen, que aquel evento de la paloma Arjonera y el jilguero nómada, era un romance nunca dado antes en este pueblo.

A medida que pasaba la tarde, también fueron posándose en el ramaje de un árbol del paseo de San Martín, la pareja que saltaban de rama en rama jugueteando y muy acarameladitos, picoteando su romance de amor.

Ya de madrugada, bajo la campana de San Juan, se le volvieron a ver aleteando arrumacos de amor.

Nadie sabe como a la Paloma Arjonera la pudo enamorar el Jilguero nómada, pero sí se sabe que ya no esconden su amor y por cielos, árboles, tapias, conventos y olivares cercanos, se les pueden ver siempre muy juntitos, volando de acá para allá.

Se cuenta que aquel romance aún perdura y que ayer mismo los vieron cruzando el Tres de Oros camino de algún olivo, donde probablemente comparten nido.

Se marchó la tarde y se apagó el sol en Arjona, las sombras oscurecieron caminos y tejados y la noche cayó.  Ahora seguro Paloma y Jilguero, por calles de Arjona pasean solitos los dos, nadie los ve, la oscuridad oculta este bonito e inusual romance de amor.

 

Ángel Cámara Jiménez