MI ARJONA DE OLIVOS VERDES

 

 

 

Llegaba con mi corazón

un día al amanecer,

radiaba un cielo azul

cuando se amplió mi tristeza,

ansié ser fuerte, y no ser

gajos de angustia en los dientes

y al pasar junto a mi casa

quise hacerme más fuerte,

abrí mis ojos con ansias

por ver de nuevo a mi gente

pero mi gente no estaba

donde había estado siempre,

empecé a mascar mi pena

una voz sobre el silencio

me hablaba de jazmines,

del agua de aquella fuente,

de tardes de juegos en la era

y de molinos de aceite.

De piedra se quedaron mis ojos

tarde de agosto a septiembre,

entonces- todos los recuerdos

se me volcaron de frente,

sobre los olivos caía

un  sol radiante y perenne

y de mis ojos brotaban

ésas lágrimas de siempre,

las que no me dejan ver

mi Arjona de olivos verdes.

 

Ángel Cámara Jiménez