Historia medieval

 

LA LUMINARIA O EL HALLAZGO DE LAS SAGRADAS RELIQUIAS 


l no existir alumbrado municipal, la noche era profunda y negra salpicada de estrellas, resultando propicia para ser dormida al raso. En las partes altas del pueblo, donde las brisas
refrescaban los calores de la estación. Eran unas noches totalmente silenciosas. En una de aquellas calurosas noches de agosto, un arjonero de nombre Juan Muñoz, se había echado a dormir donde ahora está la ermita de las reliquias; estaba a punto de conciliar el sueño cuando percibió el distante sonido de una campanilla. Al día siguiente se repitió la experiencia, al tercer día descubrió que el que tocaba la campanilla era un niño espectral vestido de fraile en su otra mano sostenía una vela encendida. Juan Muñoz, aunque lógicamente amedrentado por esta visión, tuvo la presencia de ánimo suficiente para dirigirse a la aparición y le dijo: si eres ánima de otro mundo, di lo que quieras, a la que el niño respondió: No es tiempo. Y a continuación se esfumó. Por aquellos años, un piadoso erudito había encontrado la crónica de Flavio Dextro, donde se relataba el martirio de los Santos de Arjona y la había dado a la imprenta; y fue precisamente en 1628, cuando algunas personas piadosas que la leyeron anotaron la relación de Arjona con el martirio de San Bonoso y Maximiano y pidieron licencia al Arzobispado de Jaén, para festejar por patrones del pueblo a San Bonoso y Maximiano. Aquella fue la primera Fiesta Santos. A los pocos días de aquella fiesta los prodigios comenzaron a manifestarse sobre las torres del Alcázar. Muchos testigos percibieron luces fosforescentes figuras en los aledaños de la torres que desde entonces se llamó de los Santos. Cavaron en aquel lugar durante varios días y finalmente las reliquias comenzaron a aflorar. Huesos humanos mezclados con restos de ceniza testimoniaban el martirio sufrido por los Santos. Estos sagrados vestigios se fueron recogiendo y atesorando en la Iglesia de Santa María. No acabaron aquí los prodigios; las misteriosas luces seguían visitando el Alcázar y se posaban sobre los lugares que ocultaban nuevas reliquias. Y por si este testimonio fuera poco otros sucesos maravillosos testimoniaban la santidad de las ya encontradas; algunos huesos manaban sangre de lo que dieron fe los notarios y otros exhalaban penetrante y suavísimo aroma. Ello ocasionó un gran revuelo en todo el reino de Jaén y aún fuera de él. De todas partes concurrían personas piadosas o simples curiosos deseosos de confirmar con sus propios ojos de la veracidad de los pregonados prodigios. Prosiguieron las excavaciones y se encontró un pozo y en el fondo, entre otros muchos restos humanos, lo que quedaba de la tróclea, el cruel instrumento que Flavio Dextro describía al narrar el tormento de los Santos patronos. Junto a ella un hueso pequeño correspondiente a la parte del cráneo humano que da forma a la ceja que llevaron al Alcalá la Real. Este hueso palpitó y sangró en presencia de honorables testigos durante tres días y medio. 



Muchos vecinos vieron luces maravillosas y el brillante resplandor de grandes cruces de fuego sobre los muros y torres del ALCÁZAR. Gran número de testigos declararon con juramento ante la comisión oficial nombrada por el Cardenal Obispo de Jaén, según consta en el Memorial del Pleito, así como en otros Memoriales que de aquellos días se conservan. Dichas señales se continuaban viendo en los primeros días de septiembre. Algunos vecinos se dispusieron a cavar en los lugares señalados por las luces sin resultados. El Vicario de la Villa mandó se cesaran las excavaciones, pues era necesario informar al Sr. Obispo para que su Ilustrísima dispusiera lo que había de hacerse. 


El Cardenal Moscoso determinó que se celebrara en Santa María un Novenario de Fiestas. Al final de la novena se organizó una solemne Procesión de Rogativas en la que figuraba el Clero de las tres Parroquias, Ayuntamiento, la Nobleza y todos los vecinos de la Villa. Cantando las letanías de los Santos, se dirigieron a los lugares donde aparecían las luces, que se habían señalado con cruces; llegados al pie de una de las torres del Alcázar, sitio donde se solían ver las luces más refulgentes, después de invocar al Espíritu Santo, a Santa María, Reina de los Mártires y a los Santos Bonoso y Maximiano, se comenzó a cavar, en nombre de la Santísima Trinidad, primero por el P. Trinitario Fray Luis de la Mella, que había predicado la Novena, continuando el Clero, Autoridades y Nobles, siguiendo después todo el pueblo. A poco más de dos metros de profundidad fueron halladas el 4 de Noviembre las primeras Reliquias: dos calaveras y huesos como de dos personas, según describen los Memoriales que se conservan y con señales evidentes de ser mártires. 

En días sucesivos se continuaron las excavaciones en todos los lugares señalados por las luces y se fueron hallando varios hornos, como caleras, llenos de huesos calcinados, grillos y esposas de hierro así como diversos instrumentos de tortura, entre ellos, una gran rueda de encina, en trozos, que unidos por sus ensambladuras, se vio fuera la tróclea de que hacen mención las Actas del Martirio de nuestros Santos. 

Como consecuencia de aquellas luces, hoy día se continúa conmemorando el recuerdo de aquellas luces con la fiesta de la “luminaria”, consistente en una procesión de todos los niños de Arjona provistos de farolillos vegetales, labrados por ellos mismos. 

Lo más sorprendente fue que por medio de aquellos huesos y cenizas muchos hijos de Arjona y también gran número de forasteros recibieron la gracia de milagrosas curaciones, al invocar con gran fervor y piedad la protección de los Santos; prodigios y gracias que con gran detalle se consignan en el referido Memorial del Pleito, en el libro impreso por el Dr. Alderete, Canónigo de Córdoba, dedicado por su autor al Papa Urbano VIII, y en otros más. 

Todas las Reliquias, halladas se guardaron en un arca de la Sacristía de Santa María, hasta que fue construido el Santuario por orden del Cardenal Obispo de Jaén, Don Baltasar de Moscoso y Sandoval, que fueron colocadas en relicarios, en el templo de la parte de abajo, donde hoy se encuentra la Escuela Parroquial de San Martín. 

El Santuario fue edificado en el foso del Alcázar en el mismo lugar donde se hallaron las primeras Reliquias, al pie de la torre que después fue llamada de los Santos. Las obras, costeadas con las limosnas de los fieles y valiosos donativos del Cardenal, que destinó para ello varias rentas del cortijo llamado del Obispo, por ser propio de la Mitra de Jaén; duraron varios años, hasta la inauguración del templo superior en el año 1659 cuya fecha quedó grabada con las Armas del Cardenal en la portada. 

En este templo se veneraron las imágenes de los Santos Patronos hasta el año 1843, en cuya fecha, al ser suprimida la Parroquia de Santa María, los hijos de Arjona dedicaron este templo a Santuario de los Santos, trasladando a él sus imágenes y subiendo al Camarín del templo superior del Santuario, las Reliquias, que se instalaron en el actual armario y alacenas, en donde las conservamos hoy. 

Para perpetuar la memoria del maravilloso Descubrimiento y de las Actas del Martirio de nuestros Patronos, se colocaron en la fachada norte del Santuario dos lápidas de piedra enmarcadas por elegante moldura, con inscripciones latinas, que traducidas al castellano dicen así: 



"A los Santos Bonoso y Maximiano, por Publio Daciano, Prefecto de las Españas, martirizados, y cuyos cuerpos fueron revestidos, una noche, en este lugar, con celestial resplandor y sepultados con sigilo, y por último en el presente siglo, iluminados con milagrosos, frecuentes y brillantes fulgores que mostraban en el aire signos triunfales de cruces, y por divina inspiración encontrados en el mismo lugar y sitio donde descansaron ignorados durante mil trescientos veinte años. Por estos y otros dones augustísimos y divinísimos, ante los cuales quedó sorprendida la mente humana, el Eminentísimo y Reverendísimo don Baltasar de Moscoso y Sandoval, Presbítero Cardenal de la Santa iglesia Romana del título de la Santa Cruz de Jerusalén, en el año 25 de su Episcopado de Jaén, por voto de sus hijos a aquellos a quienes se deben mayores y más augustos dones, para alabanza, honor, justa veneración y para memoria de ellos, con gran piedad, erigió Templo y Altares, con dedicación del obsequio en el año de Cristo de 1644 y 24 del Reinado de Felipe (IV) Rey de las Españas. El Senado y el Pueblo del Municipio Albense urgavonense Arjonense a sus fortísimos e indulgentísimos Patronos, Felices y siempre Invictos, por voto dedicó esta piedra con inscripción". 



La precedente lápida está sobre la ventana más inmediata a la portada. Sobre la otra ventana, que es la más próxima al campanario, va otra lápida que, traducida, dice así: 




"A los bienaventurados del Dios Optimo Máximo, Santísimos y triunfadores de la impía Rebelión del Prefecto Romano de Sevilla, en la guerra civil de Andalucía, militando bajo las banderas de los Emperadores, cuando apenas habían salido de la pubertad, y además triunfadores del príncipe de las tinieblas y de los mismos Emperadores Diocleciano y Maximiano, en la décima persecución general contra la Iglesia de Dios, bajo el poder del Prefecto de las Españas Publio Daciano, el 21 de agosto por el año de Cristo de 308, a las tres de la tarde siendo Bonoso de 20 años y Maximiano, su hermano, de 18 años de edad, fueron cortadas sus cabezas, venciendo gloriosamente por la fe de Cristo, después de sufrir estrecha custodia en la cárcel y atormentados con sed continua en la mitad del estío, y con el suplicio de la tróclea. Y en este mismo sitio y lugar, donde se cree consiguieron la palma del martirio, sus cuerpos sagrados, que ya habían sido negados por el Presidente a los padres de los mártires, naturales de la Colonia Iliturgi Foro Julia, llamada Andújar hoy, en secreto sepultados por ciertos soldados cristianos que salieron por la noche con cautela de este Alcázar, al ver dichos cuerpos revestidos de un resplandor celestial, El municipio Albense Urgavonense a sus Indulgentísimos Patronos dedicó Templo y Altares y esta piedra e inscripción, por decreto de los Decuriones".