PUEDO
Puedo subir a la torre de Santa María tras tomar aliento, y olfatear los restos de lo que un día fue una fortaleza altiva sin volver la vista atrás.
Puedo otear el mar de olivos que se ven a lo lejos, con toda su hermosura y su verde declinar.
Puedo descansar junto a las piedras maltratadas de una torre esquinera que todos rozan al pasar.
Puedo en una noche de lluvia, soñar con cada una de las torres que se alzan sobre mi pueblo y puedo luego llorar.
Puedo escuchar el rumor del río Salado, ese río que serpentea cortijos y olivar y recorrer de parte a parte su orilla y volverme a bañar.
Puedo oler desde muy lejos el inconfundible olor jazminero trepando por el balcón de una casa enjalbegada y no poderlo olvidar.
Puedo oír los latidos a corazón abierto de todo mi pueblo entero, rumores de fatigas y cansancio y no poderlo callar.