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“Celeberrima inter
hunc et oceani oram in mediterraneo Segida quae Augurina cognominatur, Ulia
quae Fidentia, Urgao quae Alba, Ebora quae Cerialis, Iliberri quod Florentini,
Ilipula quae Laus, Artigi quod Iulienses, Vesci quod Faventia, Singili, Ategua,
Arialdunum, Agla Minor, Baebro, Castra Vinaria, Cisimbrium, Hippo Nova, Ilurco,
Osca, Oscua, Sucaelo, Unditanum, Tucci Vetus, omnia Bastetaniae vergentis ad
mare. conventus vero Cordubensis circa flumen ipsum Ossigi quod cognominatur
Latonium, Iliturgi quod Forum Iulium, Ipra, Isturgi quod Triumphales, Ucia et
p. remotum in mediterraneo Obulco quod Pontificense appellatur, mox Ripa, Epora
foederatorum, Sacili Martialium, Onuba et dextra Corduba colonia Patricia
cognomine, inde primum navigabili Baete oppida Carbula, Detumo, fluvius Singilis, eodem Baetis latere
incidens.” Bonoso y Maximiano
eran dos hermanos naturales de Iliturgi, ya desaparecida, cerca de la actual
Mengíbar y no de Andújar, como a veces se dice. Ambos fueron oficiales del
ejército romano y permanecieron obedientes al Emperador de Roma, hasta que uno
de sus delegados, el cruel Daciano, de triste pero necesaria y providencial
recordación, les exigió que abrazaran el paganismo. Bonoso tenía 20 años y su
hermano 18. Ambos aceptaron el martirio. Daciano les hizo decapitar, después de
someterlos a crudo tormento, en el mismo lugar donde ahora se levanta la
Ermita. Esto ocurrió el 21 de agosto del año 308. Con ellos sufrieron martirio
otros muchos cristianos anónimos, cuyos cuerpos fueron sepultados en el mismo
cerro del Alcázar. La primitiva iglesia cristiana, después prologada en tiempos
de la monarquía visigoda, veneraban estos santos, pero la conquista árabe y el
advenimiento de la religión islámica, difuminó la memoria de los mártires que
acabó cayendo, finalmente en el olvido. En este punto se abre un paréntesis de silencio
que dura casi un milenio. El martirio ocurrió a las tres de la tarde, según consta en las Actas del Martirio, en Urgavo de la Bética (Hoy Arjona), escritas por San Félix, obispo de Guadix, que presidió el Concilio de Elvira en Granada aproximadamente el año 312, más tarde enviadas a Toledo y recogidas por Flavio Lucio Dextro en el sigo V, en su Cronicón de "Omnimoda Historia" o Historia Universal y cuyos fragmentos imprimió en Zaragoza el año 1619 el P. Fray Juan de Calderón, y fueron ilustrados después en el 1627, con notas y comentarios por el Lcdo. Rodrigo Caro y el P. Fray Francisco de Bivar.
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