LO VI EN EL TRONCO DE UN ÁRBOL

  

Antes de irse, quiso dejar escrito de su puño y letra, su nombre en la corteza de un árbol, una inscripción arañando con las uñas de los dedos, fecha y nombre, para que quedara constancia de que había vivido y que se había enamorado, porque también había dejado arañando con las uñas, un corazón con un nombre de mujer: Josefa, bonito nombre y bonita fecha la que había inscrito en aquél tronco del árbol; 28 de febrero del 1941, Josefa y José, no había podido elegir mejor fecha, era el día que se conocieron.

Aquella fue una historia sobrecogedora por la época en que les habían tocado vivir, una época de racionamiento, mucha pobreza, triste por los acontecimientos acaecidos años atrás y porque eran aquellos unos años difíciles de la posguerra

Pero se querían con todas las fuerzas del corazón. Y allí lo vi grabado, se me saltaron las lágrimas, no esperaba ver aquella inscripción tan nítida después de tantos años.

Un corazoncito, Josefa y José, el sabía que le quedaba poco tiempo para irse muy lejos y sabía que ya no volvería a verla nunca más,  por eso quiso dejar escrito aquél testamento de amor, se le apagaba la vida como un hilito día a día y no podía hacer nada por detener aquellos suspiros que le iban ahogando la garganta que apenas si le dejaba hablar, se le iban las fuerzas como luz que se apaga lentamente, a poco más de dos años, se le agotó el corazón.

Pero el la quería, ella también lo quiso y creo que aún lo sigue queriendo, pues de vez en cuando me habla de historias vividas en aquellos cortos años y le lagrimean sus ojos como si hubiese sido ayer y no para de contarme cosas y más cosas y yo con un nudo enorme en la garganta me tengo que tragar la saliva casi a golpes de vasos de agua, y no comprendo cómo después de tantos años, aún recuerda lugares y fechas vividas en aquél pueblo de Arjona.

Allí fue donde vi aquél tronco del árbol que jamás podré olvidar.

El árbol en cuestión es un moral que estaba en la fuente vieja al lado justo de la fuente de cuatro chorros que aún sigue echando hilitos de agua con poquita fuerza, pero ahí está.

Hasta allí me acerqué a comprobar si lo que me estaba contando esta mujer era cierto o eran historias sólo porque a ella les hubiese gustado fuesen ciertas, pero no, mi sorpresa

fue grande al comprobar que todo era cierto, la fecha, el nombre de él, el nombre de ella, el árbol, la fuente, todo estaba tal cual ella me lo había contado.

Yo, al volver del pueblo de Arjona a Madrid que es donde vive la señora Josefa, le enseñé la fotografía que le hice al tronco del árbol en el cual se veía perfectamente la inscripción con la fecha, los nombres y el corazoncito, a ella le debió de venir los recuerdos a la mente y se echó a llorar amargamente sin poder articular palabra alguna.

Hace poco volví al pueblo para grabar el árbol, la fuente y alrededores para podérselos enseñar en video a esta anciana mujer que ya se le va agotando la vida, era como su último deseo, pero tal fue mi sorpresa que el árbol había sido arrancado, nunca había sentido mayor rabia en mis adentros que aquél día.

Es como si algo mío se hubiese muerto para siempre, me habían arrancado de muy adentro de mí, los recuerdos de la señora Josefa, cómo le iba yo a decir a la pobre  mujer que le habían borrado de un plumazo su historia de amor.

Ahora sólo me queda la esperanza de volver con ella a su pueblo de Arjona, antes de que sea demasiado tarde y poderle enseñar las calles por donde paseaba de joven, la plaza de los coches que tanto me habla de ella, el paseo nuevo donde en la feria bailaba con José,  aquellas Fiestasantos tan especiales por el paseo  de San Martín, el toro de fuego, las jeringas que se comía sentada en una mesa  detrás de los jardines del parque, los polos de hielo, el tío de los pirurines vendiendo  por la calle con su cestita de enea, los puestos de turrones y garrapiñadas, la banda de música echando las banderas por las calles, el tío de los garbanzos tostaos etc. etc.

Para esta Fiestasantos que se aproximan, la he prometido llevarla  y así ella podrá ver de cerca quizás por última vez a sus Santos que tanto me habla de ellos, a su San Bonoso y  a su San Maximiano y así podrá contarme en vivo y en directo todas las historias que en su juventud vivió, todo ello si su corazoncito le sigue latiendo con la fuerza que hasta ahora le late.

Así que, mientras tanto, la nostalgia y los recuerdos que la sigan invadiendo, porque ella desde entonces sigue recordando a su gente, a su querido pueblo, a su Arjona del alma y nunca más después de salir de allí, pudo volver,  pues las circunstancias de la vida la llevó a emigrar muy lejos.

 Hoy más que nunca, le lucen en sus ojos un cierto halo de nostalgia que no la deja ver más allá de su tristeza, pues precisamente hoy es 28 de Febrero día que se conocieron, un día muy especial para esta princesa que jamás volvió a amar a ningún otro hombre, dice que no iba a quererlo tanto como quiso a  su .......José.

Me lo dijo con voz dolorida, desde los límites de la pena, y quedó la frase martilleándome el corazón.....

 

 

 

 

Ángel Cámara Jiménez