Esta esfera de piedra es un betilo o piedra sagrada precristiana, quizá representación de la Diosa Madre en un santuario prehistórico. Apareció en el subsuelo de la antigua catedral gótica de Jaén. En la parte superior se aprecia la entalladura donde posiblemente se instaló un elemento cristianizador (Cruz, Virgen…).

La Tradición popular le atribuye singulares poderes al poner sobre ella las manos solicitando un deseo, sobre todo si esta acción se realiza con determinado estado de ánimo y en momentos astronómicamente significativos (noche de San Juan o con luna llena).

Denominación popular de esta roca de origen remotísimo y de composición arenisca con múltiples hendiduras, aunque hay quien afirma que pueda tratarse de un meteorito.

Este tipo de rocas esféricas eran introducidas en cuevas o santuarios prehistóricos con la finalidad de aumentar la fecundidad, tanto de la tierra como de las personas, así como de la obtención de beneficios de toda índole para aquellos que la tocaban enunciando sus deseos.

Posteriormente, las nuevas religiones, aprovechando el culto que se les propiciaba, la usaron para colocar sobre ellas a sus distintas deidades. Muestra de ello sería la entalladura superior que debió alojar el anclaje de algún objeto o imagen de culto posterior (seguramente cristiana). Se encuentra situada en las inmediaciones de la Plaza de Santa María. Se le atribuyen poderes mágicos, llegando a su culmen en la noche mágica de San Juan, cuando numerosas personas acuden a colocar luminarias y velas, tocando la piedra y expresando sus deseos. Reliquia de unos tiempos pretéritos en los que la Madre Tierra era la Divinidad Suprema.

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